¿Qué es el microbioma?

Salud & Nutrición

La microbiota o flora intestinal es una colonia ecológica de microorganismos beneficiosos que residen en nuestro tubo digestivo, responsables de muchas funciones vitales, como la producción de ciertas neuronas en el cerebro adulto, el funcionamiento del sistema inmunológico, la regulación hormonal, el metabolismo energético y el peso corporal. Estas bacterias crean un microecosistema llamado microbioma, el cual nos ayuda a digerir los alimentos y nos defiende de patógenos, entrenando nuestro sistema inmune para protegernos de bacterias, hongos, virus y parásitos no benignos.

El microbioma de una persona se forma desde el nacimiento, al tener contacto con la flora vaginal de la madre en un parto por vía natural o al tener contacto con la flora del vientre, en el caso de una cesárea. La biodiversidad de microorganismos también depende de si el bebé es alimentado con leche materna o leche de fórmula, siendo un ecosistema más variado si es alimentado por pecho. También evoluciona según el sexo, la edad, los factores genéticos, factores psicoquímicos (ph, humedad, temperatura, contenido lipídico de la piel), el entorno (clima y localización geográfica) y el estilo de vida (higiene, actividad física,  productos cosméticos, medicamentos, condiciones socioeconómicas, etc).

Diversos estudios indican que las poblaciones indígenas en el mundo, poseen los ecosistemas de microorganismos más ricos y diversos documentados en humanos, los cuales los protegen frente a diversas enfermedades presentes en el ambiente. Esto se debe a que se encuentran en constante contacto con la naturaleza y que no utilizan fármacos o productos de higiene químicos que puedan alterar su microbioma.

Aquellos experimentos indican que el estilo de vida moderno es susceptible a afectar nuestra flora intestinal y por ende, nuestra salud. El microbioma puede deteriorarse al ingerir alimentos industriales con pesticidas, hormonas, antibióticos, conservantes y aditivos. Las dietas altas en grasas y en azúcares también pueden desencadenar enfermedades relacionadas con la pérdida de biodiversidad de microorganismos o exceso de bacterias perjudiciales para nuestro intestino.

El utilizar productos de higiene convencional puede alterar el equilibrio de nuestra microbiota cutánea, una capa de microorganismos vivos organizados que protegen nuestra piel. Un desequilibrio en esta puede derivar en afecciones dermatológicas, como acné, psoriasis o dermatitis atópica.

Para proteger nuestra microbiota cutánea es necesario dejar de aplicar productos químicos en nuestra piel, sobre todo aquellos que contienen disruptores endocrinos, sustancias capaces de desequilibrar nuestro sistema endocrino y deteriorar nuestra piel. Estos suelen ser aquellos que contienen bisfenoles, parabenos, sulfatos, dioxinas, furanos, ftalatos, triclosan y benzofenonas.

Para mantener la salud de nuestra flora intestinal y de nuestro sistema inmunológico es necesario  nutrir a nuestras bacterias con prebióticos y probióticos, los primeros ayudan al desarrollo de los microbios del intestino y los segundos, añaden microbios vivos a nuestro organismo.

Los prebióticos están presentes en muchas frutas y verduras, sobre todo en aquellas ricas en carbohidratos complejos, como la fibra y el almidón resistente, que no son digeribles para el cuerpo, por lo que pasan a través del sistema digestivo a ser alimentos para bacterias y microbios.

En cambio, los probióticos son organismos vivos, ciertas cepas específicas de bacterias que llegan a residir a la colonia de microorganismos sanos del intestino. Los probióticos se presentan en diversos alimentos fermentados como el chucrut, el kéfir de agua, yogurt de pajaritos, kombucha, kimchi, ginger beer, etc. También los lácteos libres de hormonas, antibióticos y aditivos químicos contienen probióticos.

Para poder decidir de forma inteligente como deseamos alimentarnos y mantener el equilibrio de nuestra flora intestinal y microbiota cutánea, tenemos que ser capaces de saber leer una etiqueta para evitar consumir productos llenos de toxinas que podrían desequilibrar nuestro microbioma. Una de las partes más importantes de ello, es aprender a interpretar las etiquetas de los alimentos envasados y productos de higiene convencional.

  • Parafraseando a Michael Pollan, si el producto contiene ingredientes que tu bisabuela no podría reconocer, abstenerse. (Siempre y cuando nuestra bisabuela haya sido un ejemplo de cocina saludable, como las abuelitas de campo, las mamitas altiplánicas o las señoras de puerto, por ejemplo)
  • Siempre debemos prestar atención a los productos que dicen ser “light” o 100% naturales, plant based, sin grasas trans, sin conservantes y aditivos. Si nos fijamos en los ingredientes, sabremos la real composición del alimento.
  • Evita aquellos ingredientes que imitan lo natural, como “aromatizantes o saborizantes idénticos al natural”.
  • En cuanto a los productos de higiene, es mejor elegir aquellos que carezcan de bisfenoles, parabenos, sulfatos, dioxinas, furanos, ftalatos, triclosán y benzofenonas.
  • Deberíamos abstenernos de utilizar aerosoles para contrarrestar los malos olores y eliminar las bacterias, pues estos suelen contener diversos disruptores endocrinos.
  • Los productos de higiene menstrual convencional suelen estar llenos de químicos perjudiciales para la flora vaginal y el sistema reproductivo. Elige aquellos libres de químicos perjudiciales.
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